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Solana Sierra, la Lucky Loser que encendió la esperanza argentina en Wimbledon 2025

El tenis femenino argentino parecía caminar por un desierto de Grand Slams. La verdad, veníamos de una sequía bastante larga. Hacía falta desempolvar los libros de historia para encontrar alegrías. 

La última vez que una argentina pisó fuerte fue Nadia Podoroska en Australia 2024. Antes de eso, Paola Suárez llegó a la cuarta ronda de Wimbledon en 2004. ¡Veintiún años! Es una vida entera para nosotros, los que vivimos el deporte con el corazón en la mano. Mientras tanto, en las apuestas de tenis, seguían buscando una figura que rompiera con esa racha y devolviera la esperanza al tenis albiceleste.

Por lo tanto, el hambre por una nueva heroína con raqueta era inmenso. En este contexto, apareció una luz desde Mar del Plata. Su nombre es Solana Sierra.

Un desierto con un oasis marplatense

De repente, desde la costa, surgió una figura que nos hizo creer de nuevo. Solana Sierra, con solo 21 años, cargaba con una presión tremenda. Había mostrado su calidad desde chica, de hecho. Tenía en su espalda finales de Grand Slam junior y un título WTA 125. 

Bettina Fulco, una que sabe, la describió como una jugadora fría para competir. Dijo que no se enojaba ni tiraba los partidos. Parecía tener una calma poco común para nuestro temperamento. Aún así, para una promesa que crece en un país tan necesitado de alegrías, el talento viene con un peso enorme. Cada golpe de Solana Sierra es analizado por todos.

El destino tiene planes raros

El término “lucky loser” suena a broma. Combina “afortunado” con “perdedor”, una paradoja que solo el tenis puede ofrecer. Significa que perdiste en la qualy y ya estabas con las valijas hechas. Pero de golpe, alguien se lesiona y te llaman para que vuelvas. Es una segunda oportunidad caída del cielo. 

Esto parece un invento argentino, ¿no? Fracasás, te sentís derrotado y por un giro del destino, estás de nuevo en carrera. Solana Sierra vivió esta película en carne propia. Cayó en la última ronda de la clasificación contra la australiana Talia Gibson. El sueño parecía terminado. Pero una hora antes del inicio del torneo, la alemana Greet Minnen se bajó por lesión. Y así, nuestra “perdedora afortunada” entró al cuadro principal.

La epopeya sobre el césped sagrado

Nuestra piba pisó el césped sagrado de Wimbledon, un lugar de pocos festejos recientes. En primera ronda, enfrentó a la australiana Olivia Gadecki. Ganó 6-2 y 7-6, levantando cuatro puntos de set en contra en el segundo. Fue la primera victoria de una argentina en un Grand Slam desde aquella vez de Podoroska. 

Luego, le tocó la prueba de fuego. Se enfrentó a la local Katie Boulter, que venía de ganarle a una top ten. El público inglés empujaba por la suya, claro está. Pero Solana tenía otros planes. Le ganó en tres sets y cortó una racha de 16 años sin una argentina en tercera ronda. La sensación es increíble, dijo después, con una humildad que conmovió.

Escribiendo una página dorada

La historia se ponía cada vez mejor. En la tercera ronda, el destino la cruzó con la española Cristina Bucșa. El resultado fue 7-5, 1-6 y 6-1 a su favor. Con este triunfo, se metió en los libros grandes del tenis. 

Se convirtió en la primera argentina en alcanzar los octavos de final de Wimbledon desde Paola Suárez. Además, se transformó en la primera “lucky loser” en llegar a esa instancia en Wimbledon en la Era Abierta. El maleficio se había roto por completo. La esperanza ya no era un susurro, era un grito que se escuchaba en todo el país.

Cuando el sueño choca con la pared

Toda historia de Cenicienta tiene su medianoche. Para Solana, ese momento llegó en los octavos de final. Se enfrentó a la experimentada alemana Laura Siegemund. Los que saben ya decían que la alemana jugaba muy bien. Y así fue. Aunque peleó con uñas y dientes, la aventura llegó a su fin. 

¿Perdió? Sí. ¿Fracasó? Para nada. Fiel a su estilo, dejó todo en la cancha. Fue un golpe de realidad, un recordatorio de que estas rachas increíbles encuentran un límite. Pero en nuestra cultura deportiva, la entrega a veces vale más que el resultado.

El futuro de nuestra estrella con suerte

¿Y ahora qué le espera a nuestra “lucky star”? La presión, lógicamente, será gigante. Cada partido suyo será mirado con lupa. Cada error será analizado como si fuera una cuestión de estado. Es el destino de todos los deportistas argentinos que se atreven a brillar. Al final del día, la campaña de Solana Sierra en Wimbledon fue una clásica historia de amor argentina.

Amamos a los que van de punto. Nos identificamos con los que desafían los pronósticos y demuestran que todo es posible. Su viaje es un testimonio del poder de la ilusión, incluso cuando nace de la manera más impensada. La gloria puede ser pasajera, pero la capacidad de soñar contra viento y marea, eso es eternamente nuestro.